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martes, 13 de septiembre de 2011

ROSARIO...Presas por explotar y retener a dos chicas paraguayas en una casa de citas

Son madre e hija. A ésta le imputan regentear el local y a la primera los delitos más graves. Las denunciantes huyeron de la casa, en Castellanos 488, donde según afirman estaban encerradas.

Presas por explotar y retener a dos chicas paraguayas en una casa de citas

Dos mujeres que regenteaban una casa de citas en la zona de la terminal de ómnibus están detenidas por intervenir en una historia de sórdidos pormenores vinculados a la explotación sexual. Una de ellas, de 38 años, está imputada de privación ilegítima de la libertad de dos jóvenes de nacionalidad paraguaya. El caso afloró en junio pasado, cuando las dos chicas, de 20 años, aprovecharon un descuido de la regente para pedir a una conocida que denunciara la situación y escapar por una ventana de un patio. Cuando un patrullero llegaba tras el llamado al 911 sus dos ocupantes, un sargento de apellido Britos y un cabo de apellido Romero, advirtieron a las dos jóvenes descolgándose por los techos de la vivienda donde, según ellas, estaban retenidas. El miércoles pasado efectivos de una división especial contra la Trata de Personas del D5 de la Jefatura de Santa Fe llegó a Rosario a allanar la vivienda de dos plantas, ubicada en Castellanos 488, a tres cuadras de la comisaría 7ª. Una zona donde los vínculos entre prostitución y delito tienen triste fama: a cuatro cuadras de allí, en 2004, fue asesinada Sandra Cabrera. La medida procuraba pruebas requeridas por la fiscal Viviana Baliche, encaminadas a definir si la situación es un caso piloto en Rosario sobre reducción a servidumbre y explotación sexual. Al no contar con habilitación municipal para comercio la vivienda fue clausurada en un operativo encabezado por la comisario inspector Mónica Viviani. En el lugar fue detenida Griselda R, de 24 años, a quien adjudican regentear el lugar. Su madre, Natalia R., de 38 años, está presa desde junio. Natalia R., a quien llaman Marcela, está imputada de los delitos de facilitamiento y explotación del ejercicio de la prostitución ajena, privación ilegítima de la libertad y cohecho pasivo. Griselda, según presumen los investigadores, adoptó el rol de encargada del lugar. Por ello fue indagada ayer. El novio de esta joven es, según fuentes del caso, un policía en actividad. Las chicas paraguayas se llaman Marcela S. y Sandra C. Son de Asunción. Ambas aceptan que se dedicaban a la oferta sexual pero dijeron que eran obligadas a permanecer en la vivienda de Castellanos 488 y a tolerar prácticas sexuales sin resguardos usuales, como la utilización del preservativo, que ponían en riesgo su salud. Hicieron un relato preciso de lo ocurrido el día del escape, 9 de junio, en la comisaría 7ª. Luego lo ratificaron en el juzgado de Instrucción Nº 1 a cargo de Roxana Bernardelli, donde se inició el expediente 391/11. Una de las denunciantes paraguayas señaló que dos veces por semana un tal "Marcelo" pasaba por la casa a buscar 850 pesos que puntualmente le pagaba Natalia. Dada la histórica tradición de la tolerancia policial a cambio de dinero para consentir actividades de proxenetismo en el juzgado presumieron que el tal Marcelo podía ser un uniformado que cobraba a fin de permitir la actividad. Por eso Natalia R está imputada de cohecho pasivo: pagar una coima para llevar adelante su negocio sin obstáculos. Un incidente llamativo del caso fue una murmuración que el novio de Griselda, según fuentes de la causa, soltó en Tribunales. "¿Cómo puede ser que tu vieja esté presa con todo lo que estamos pagando?" Eso consolidó la presunción para imputarle a Natalia el cohecho pasivo presunto. Le atribuyen a Griselda haber continuado abonando, en ausencia de su madre, un dinero semanal al tal "Marcelo". Marcela S. dijo que Natalia explotaba la vivienda de Castellanos 488, según sabía, desde hacía unos cinco años. "Hay un hombre llamado Marcelo que cada tres días iba a la casa a buscar plata. Yo lo sabía porque lo veía y le tuve que entregar dos veces plata: ella me la dejaba a mí, eran 850 pesos. Pregunté para qué era el dinero y ella respondió que eran cosas de ella", indicó en la sede judicial. Un hombre llamado Marcelo M. fue ofrecido por la defensa de ambas mujeres imputadas a fin de prestar declaración tribunalicia y supuestamente aclarar la cuestión de la recepción del dinero. Hasta ayer a mediodía no se había presentado. Pese a que nunca se sustrajo la pesquisa del caso a la Unidad Regional II, un alto portavoz de la causa señaló a este diario que se pidió la colaboración a la División Trata de Personas de Santa Fe por la demora "llamativa e irritante" de la policía local para producir con más celeridad la prueba requerida. Las dos jóvenes denunciantes paraguayas se fueron de la ciudad. Marcela S estaba en Rosario desde cuatro meses antes de escapar de la casa y Sandra C. desde un mes antes. Las dos dijeron que desde su llegada de Paraguay vivían en el lugar y que allí quedaban de noche sin poder salir. "A todas nos dejaban encerradas. Desde que llegué en la primera etapa hasta que me fui ya no podíamos salir cuando queríamos. Y yo tenía que volver a Paraguay porque se me vencían los tres meses de entrada al país", declaró Marcela en su testimonial. "Yo ganaba muy bien: entre 12 mil y 15 mil pesos mensuales. De ese dinero la mitad era para la dueña de casa. De mi mitad, que me pagaba ella, me descontaba 50 pesos en concepto de vivienda, y 20 en concepto de café y varios", dijo en Tribunales. Sandra C. dijo: "Vine desde Pilar en Buenos Aires, hace poco cumplí un mes, nunca había hecho esto. No conozco tanto a la señora Marcela a quien también llaman Natalia. Todo pasa por ella. Ella administra: el cliente indica con qué chica le gusta pasar y ella nos llama e indica lo pactado". Interrogada sobre la situación de encierro la joven dijo: "Cuando Natalia termina de hacer las cuentas del día por los servicios prestados nos decía: «Bueno chicas, hasta mañana». Se iba con su novio al que apodan «Charly» y cerraba la puerta principal de la casa". “Todas teníamos las llaves” Natalia R., conocida como Marcela, negó enfáticamente haber explotado a las jóvenes paraguayas, ni haberlas privado de la libertad. En su declaración judicial ella dijo que hace tres años se dedicaba a la oferta sexual en un departamento céntrico con otras dos mujeres. Y que con ellas alquilaron la casa de Castellanos 488 a un hombre “llamado Marcelo que se presentó como el dueño ”. “Marcelo nos dio llaves de la casa a todas y nos cobraba el alquiler”, dijo Natalia. Cuando le requirieron que diera el domicilio o la identidad del tal Marcelo repuso: “No sabíamos el apellido ni la dirección El venía una vez por semana a retirar el dinero”. La mujer detenida también dijo que todas las mujeres, incluso las paraguayas, alquilaban en condición de paridad las habitaciones donde trabajaban. La defensa de Natalia presentó a Marcelo José M. a declarar. Este allí sostuvo que en 2006 les alquiló la casa de calle Castellanos en virtud de conocer a Griselda, hija de Natalia, en una clínica. Sectores de la investigación del caso descreen de esto: por los elementos de prueba acopiados atribuyen un papel organizador del negocio a Natalia R. en la casa de Castellanos al 400.

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