Las balas de goma retumbaban en los pasillos como los petardos durante los festejos de año nuevo.
La Capital |
"En este barrio, en los últimos tiempos parece que ser joven es sospechoso. Lo que queremos evitar es que maten a un muchacho en los pasillos o que la gente se levante contra la policía. Es cierto que algunos pibes no son santos, pero cuando las cosas se pasan de castaño oscuro, nosotros tenemos que salir a decirlo", afirman.
Algunas de estas vecinas son las mismas que celebraron las intervenciones anunciadas por la provincia y el municipio en el barrio, como la apertura de calles, la puesta en marcha de un Centro de Convivencia Barrial o la llegada del programa para que los jóvenes terminen el secundario.
Inclusión. "Estamos trabajando para que los pibes vuelvan a la escuela o se sumen a un taller de herrería, para que puedan emplear el tiempo en otra cosa. Pero esto no ayuda", aseguran pidiendo reserva de sus nombres, por temor a represalias hacia los pibes.
El asentamiento que se extiende por Ayacucho al 4000 no es una zona fácil.
En los tres últimos años, la barriada alimentó las crónicas policiales con las muertes producidas por el histórico enfrentamiento entre dos bandas que disputan ese territorio.
"Ahora está todo más tranquilo, pero la policía les busca pelea a los pibes, no sabemos por qué, pero les busca pelea", afirman.
De todas formas no es el único sector de la ciudad donde la relación entre jóvenes y policías se vuelve sumamente hostil.
En los barrios Triángulo, Industrial y Moderno, el Colectivo de Acción Cultural del Oeste (Caco) lleva tiempo trabajando sobre esta situación. En 2006 salieron a pintar murales informativos sobre los derechos de los adolescentes "y realmente, lejos de mejorar, la cosa está cada vez peor", advierte Priscila Castañeda, referente del grupo.
En el cordón Ayacucho, los vecinos relatan varios episodios en los cuales, advierten, "la policía abusó de su función". Y sólo uno de los incidentes que mencionan fue denunciado, curiosamente en la sede policial.
La gota que colmó el vaso fue el procedimiento realizado durante la madrugada del martes pasado, cuando detuvieron a un adolescente de 14 años, ingresaron a su casa rompieron puertas y ventanas y se llevaron también a su hermano que estaba durmiendo.
Sentadas en el patio de una casa humilde, las mujeres se encogen de hombros como no pudiendo explicar el origen de los excesos que denuncian.
"No sabemos por qué pasa esto. Ellos (la policía) están para cuidarnos, para agarrar a los delincuentes, pero no para tratar así a los pibes", concluyen las mujeres en La Tablada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario