Estuvo cinco meses prófugo y lo
arrestaron en Rosario el domingo por doble homicidio calificado. Lo
hallaron en su celda, colgado con una remera. Su familia sugiere que no
fue suicidio. Tenía 34 años.
José Carlos Carrizo, el hombre acusado
de asesinar a su hija y a su esposa el 4 de diciembre pasado en la
ciudad entrerriana de Victoria, fue hallado ayer por la mañana ahorcado
en su celda. Había sido detenido el domingo pasado en una feria de
trueques de la zona sudoeste de Rosario. Dos semanas antes, el
Ministerio de Justicia de Entre Ríos había ofreciedo una recompensa de
100 mil pesos por datos que llevaran a su captura (ver aparte).
Trasladado a Victoria luego de su detención, el lunes por la tarde
compareció ante el juez de Instrucción José Alejandro Calleja, pero nada
dijo sobre los asesinatos de Gisela Lanieri, su pareja de 25 años, y de
su hija Valeria, de 6.
La muerte de Carrizo abrió heridas en
las dos familias hermanadas por la desgracia. "¿Qué es eso de que se
suicidó? ¿Con una remera? ¿De dónde la colgó? Si la celda mide dos
metros de alto y no hay ningún lugar para que se pueda colgar. Van a
pagar por esto. Ni siquiera me dejaron entrar a la cárcel a verlo, ni a
mí que soy su madre", dijo María Elida Hernández, la madre de Carrizo.
Por su parte, la madre y abuela de las
víctimas del doble crimen habló desde su realidad. "Ayer (por el lunes)
estábamos contentos con mi marido porque íbamos a saber la verdad. Que
se haya suicidado no nos pone contentos", sostuvo Gisela Lanieri.
"Yo quería —añadió— que hablara, que
cumpliera su condena y que después pudiera estar con su otro hijo. Hasta
ayer nos habíamos sacado la mochila. Hoy la mochila volvió. No pudimos
rescatar nada de las palabras de él. Nos dejó en la duda porque
queríamos completar el hecho para poder superarlo".
Pegador. Gisela Sofía
Lanieri y su hija Valeria Agustina Carrizo parecían dormidas la mañana
del pasado 4 de diciembre. Estaban acostadas sobre sus camas en un
modesto monoambiente de cuatro metros por cuatro ubicado en Sarmiento y
Bartoloni, en la ciudad de Victoria.
Ni la casa ni los cuerpos mostraban
vestigios de violencia, pero la autopsia demostró que ambas habían
muerto por asfixia mecánica. El modo en que se produjeron las muertes
parecía envuelto en misterio porque la pericia forense no halló rasgos
de movimientos defensivos por parte de las víctimas.
Brian, el hijo de 8 años de la pareja y quien tiene un retraso madurativo, estaba en la casa en el momento de los asesinatos.
"El era pegador, pero jamás pensamos
que podía llegar a matar", había comentado a LaCapital desde su modestia
campechana Chiche, papá y abuelo de las víctimas, un par de días
después del doble crimen.
Desde el hallazgo de los cuerpos
Carrizo, de 34 años, desapareció de los lugares que solía frecuentar.
Retraído, de pocas palabras y muy pocos amigos, la policía entrerriana
lo había buscado en Rosario y también en el conurbano bonaerense.
Su pareja con Lanieri había tenido diez
años de convivencia y tres crisis sucesivas en el último tiempo. Según
la familia de Gisela el vínculo había llegado un punto culminante con la
decisión de la mujer de poner fin a la relación con José Carlos.
Inocente. Un vocero de
la causa indicó que al ser detenido por la policía rosarina el domingo
en una feria de trueques en inmediaciones de Rouillón y Maradona —cerca
del barrio Toba de la zona sudoeste— Carrizo habría manifestado ser
inocente.
El acusado dijo entonces que no las
había asesinado, que al llegar a la casa descubrió que su esposa y su
hija ya estaban muertas. Entonces decidió huir porque nadie creería su
inocencia.
Pero ahora Carrizo está muerto y no
habrá respuestas para saber qué pasó la madrugada del 4 de diciembre de
2011 en la humilde casa de Sarmiento y Bartoloni.

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