Encuentro por los DD.HH. denunció que en la noche del domingo la policía redujo a golpes a un joven que no opuso resistencia. También golpearon a un hermano menor del detenido y amenazaron al padre. El médico policial constató golpes y con el asesoramiento de un abogado “se radicó la denuncia por apremios ilegales contra los agentes de la Motorizada”.
Imagen ilustrativa.
Según la reconstrucción de los hechos realizada a través de una nota confeccionada por integrantes del Encuentro por los DD.HH. “varios móviles policiales –camionetas y motos– luego de evitar una “casi riña” entre jóvenes “redujeron” de manera violenta a un muchacho de 18 años, y lo tiraron al piso aunque no había ofrecido ninguna resistencia. Ya en el piso lo patearon –con sus borceguíes de punteras de acero– en la cara, intimidándolo con gran despliegue de cachiporras y armas de fuego –hasta itacas, según nos contaron ahí–.
Cuando su hermano –menor, de 15 años– quiso intervenir, lo alejaron de un cachiporrazo que le dejó una mano hinchada, y también así amenazaron a su padre –sí, estaba el padre y le pegaron delante del padre–, que pedía que no le peguen, ya que no se había resistido. Mientras tanto, mucha gente miraba: el lugar está bastante bien iluminado y es céntrico. Una vez “adentro”, su hermanito se acercó a la Jefatura a averiguar qué pasaría con él, y lejos de informarlo, lo volvieron a amenazar: “Rajá de acá, pendejo, o te vamos a meter a vos también”, lo echaron de la vereda de la Comisaría”.
“Cerca de las 12,30, luego de la intervención del Dr. Iván Bordón –de la Coordinadora– logramos que lo vuelva a ver el médico policial, quien dio fe de los golpes en la cara. Se radicó la denuncia por apremios ilegales contra los agentes de la Motorizada. Al pibe lo encauzaron por “Atentado y resistencia a la autoridad calificada”, relata el escrito.
“Hasta ahí los hechos, a los que accedimos por la casualidad de haber pasado por el lugar en el momento oportuno. Ahora, tan indignados como anoche, nos preguntamos: si los uniformados pegan así, en forma evidente y sin reparos, en pleno centro y delante de un montón de gente, en un horario concurrido ¿cómo debemos imaginarnos que lo hacen en lugares más ocultos, o en otros horarios –en los barrios o en las celdas, por ejemplo, o a la madrugada, sin testigos?”.
“Si golpean de esa manera a un pibe delante de su propio padre, que les dice que lo reduzcan sin violencia porque no está ofreciendo resistencia ¿cómo lo harán cuando los pibes están solos, sin ningún familiar que pueda ver lo que pasa?”.
“¿Qué persona medianamente pensante puede creer que hubo un “atentado a la autoridad” por parte de un joven desarmado y desprotegido? ¿cómo, de qué manera, un chico en zapatillas puede “atentar” contra 5 o 6 –si no más– policías corpulentos y munidos de (a saber) a) cachiporras, b) pistolas reglamentarias, c) itacas y movilizados en sendas camionetas y motos, además protegidos con cascos? ¿quién (más que el juez, por supuesto) puede creer esto posible? Lo de la “resistencia” sí, eso es creíble… pero ¿quién no se resistiría?”.
“Por otra parte, hay que decir que de un tiempo a esta parte la policía está siendo “vigilada” o “controlada” por la sociedad civil: hace un par de años se formó la Coordinadora, que lleva un registro de casos documentados; el mismo HCM de Reconquista creó la Comisión Permanente de DDHH y Seguridad Comunitaria. Incluso en estos días el tema está en el ojo de la tormenta por las denuncias de torturas contra jóvenes en Florencia –donde los pibes sufrieron vejaciones tales como el submarino seco y la picana, lo que tuvo repercusión tanto a nivel provincial como nacional–. Sin embargo, lejos de “cuidarse”, siguen pegando como sí nada. Esto da cuenta de la IMPUNIDAD con la que se desenvuelven, si no directamente del aval del Poder Judicial, que permite que estos casos se sigan repitiendo –literalmente– delante de nuestros ojos”.
“Finalmente, tenemos que recordar –sólo para mostrar las varas con las que se miden las realidades– que el pibe apremiado ayer, además de las piñas y patadas y la torcedura del brazo, se comió varias horas encarcelado –creo que ya salió– y encausado por “Atentado y Resistencia a la autoridad, calificada”. Sin embargo, los agentes acusados en Florencia de tortura con picana y aplicación de submarino seco –entre otras salvajadas– no sólo no pasaron un minuto en una celda, sino que ni siquiera fueron pasados a disponibilidad para garantizar la seguridad de los vecinos del norte provincial; al contrario, siguen “prestando servicios” en otras comisarias: el Comisario Anibal Gazzola fue trasladado desde Florencia a Villa Ocampo, lo mismo que el agente Robledo; el Oficial Principal Darío Bermachea ahora está en la Comisaría de Villa Ana y el agente Pablo Fantín, principal acusado de las torturas en ese y otros casos, en la Comisaría de Villa Guillermina”.
“Hoy no escuché la radio, pero seguramente en la versión de la policía –en el “Parte”– se hablaba de violencia entre jóvenes, disturbio en la plaza y de atentado y resistencia a la autoridad de las fuerzas del orden… Esperemos que en algún momento haya Justicia, y los uniformados paguen como cualquier hijo de vecino, sobre todo de vecino remisero y laburante”, concluye la nota.
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