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martes, 15 de abril de 2014

ROSARIO: Incertidumbre entre curas y laicos por el posible apartamiento de Mollaghan

Están quienes lo defienden y quienes lo critican, pero todos acuerdan en que los cambios en la curia son prácticas habituales.
.La Capital | 
Incertidumbre entre curas y laicos por el posible apartamiento de Mollaghan
 Las versiones que arrecian sobre la decisión que habría tomado el Vaticano para desplazar a monseñor José Luis Mollaghan al frente del Arzobispado rosarino tras una investigación encargada por la propia Iglesia causaron ayer reacciones disímiles: desde sorpresa hasta conformidad. Según sacerdotes de la diócesis, hay "cada vez más incertidumbre" entre laicos y religiosos, aun cuando todos saben que el eventual nombramiento de un sucesor de Mollaghan (supuestamente, primero en carácter de coadjutor) es plena potestad del Papa Francisco. De las razones que se barajaron para explicar el alejamiento cuando se inició esa auditoría en el Arzobispado, en noviembre pasado, los curas consultados por La Capital se quedaron sobre todo con dos: quejas por cierto destrato hacia fieles y religiosos de parte de Mollaghan y una "estructura psíquica difícil" del obispo, que lo muestra "como alguien con problemas".
Al primero que intentó contactar este diario fue al propio Mollaghan, pero en el Arzobispado la respuesta fue que el religioso "no está atendiendo". Por eso se buscaron opiniones de adentro mismo de la Iglesia. En rigor, fue complicado intentar conclusiones medianamente coincidentes.
En lo poco en que hubo acuerdo fue en que resulta curioso que aún no exista "información oficial", pese a que ya pasaron cuatro meses desde que el obispo emérito de Mendoza, José María Arancibia, elevó su informe al Vaticano sobre la realidad eclesiástica local tras dos "visitas fraternas" a Rosario.
Y eso, admitieron varios religiosos, genera mucha "incertidumbre y zozobra", y da lugar a "rumores y chismes".
"Sí, versiones circulan. He hablado de esto con otros sacerdotes más inteligentes que yo y en su momento incluso con el propio Mollaghan", admitió uno de los llamados "curas villeros", el padre Joaquín Núñez, quien expresó lealtad y afecto hacia el arzobispo.
Su opinión viene a cuento, ya que una de las hipótesis sobre el eventual cambio baraja la idea de que el Papa pretendería imprimir un estilo más misionero y popular a sus ministros.
"Puedo hablar sólo por mi experiencia: Mollaghan fue el único arzobispo que me visitó en mi rancho, no una sino dos veces, que estuvo en el comedor comunitario y dio la confirmación en la capilla (Nuestra Señora de la Consolación), en las estribaciones de Villa Banana", dijo, por lo que puesto a compararlo con su antecesor, Eduardo Mirás, definió incluso a Mollaghan como "más popular".
Claro que no todos los curas que practican la "opción por los pobres" en la arquidiócesis piensan igual. Y, de hecho, varios de ellos pidieron opinar sólo en "off", e incluso prefirieron no centrarse en Mollaghan por "respeto a la persona" y para "no hacer leña del árbol caído, o por caerse".
"Para mí, los cuatro arzobispos que conocí (Guillermo Bollatti, Jorge Manuel López, Mirás y Mollaghan) fueron básicamente lo mismo y no creo que sean diferentes los que vengan: el que llega a obispo llega por algo", indicó uno de los sacerdotes.
Aun así, el religioso sostuvo que "Mollaghan era el que menos venía jodiendo hasta que empezaron a circular chismes que llevaron y trajeron curas y laicos". Una especie de "corrida de intrigas" sobre las que el religioso dijo no estar interesado.
"Mis preocupaciones son otras: ni siquiera apoyo lo que dice el Papa sobre «una Iglesia pobre para los pobres». Simplemente creo que hay que luchar para que no haya más pobreza", afirmó.
Otro de sus colegas, que también prefirió reserva de identidad, se inclinó claramente por la hipótesis de que las objeciones hacia Mollaghan tienen que ver sobre todo con su "personalidad difícil".
"Lo veo más por ese lado que por el ideológico. Al Vaticano llegaron muchas quejas incluso antes de que asumiera Francisco y parecería que se fueron activando", dijo.
Sobre todo, por lo que definió como una "contextura psíquica que lo muestra como alguien con problemas".
Tiempos nuevos. En cambio, el párroco de San José Obrero, Rogelio Barufaldi, definió su relación con el arzobispo como "cordial y muy amistosa", aunque admitió que "todos (los prelados) tienen su lado fuerte y su lado merecedor de críticas" al ser "figuras muy expuestas".
De todos modos, con 80 años de edad y 57 como sacerdote en el barrio, Barufaldi dijo no asustarse ya de nada ni alarmarse frente a los cambios, "que llegan sobre todo cuando la Iglesia empieza una época nueva como esta".
Aun el desplazamiento ulterior de Mollaghan por la designación de un coadjutor con derecho a sucederlo, como trascendió en los últimos días, podría verse como "un procedimiento prudente que la Iglesia suele usar cuando circulan demasiados rumores y el Papa necesita enderezar algo", conjeturó.
De hecho, recordó que Francisco "ya ha actuado sobre diversas diócesis", pero a la vez sostuvo que "la Iglesia es siempre muy humana". Sobre el futuro de Mollaghan, dijo, será él quien tenga la "última palabra".
Todo indica que, tras las celebraciones centrales de Semana Santa, se sabrá quién podría suceder a Mollaghan.
La estrategia para una salida diplomática consistiría en nombrar a un "coadjutor con derecho a sucesión que colabore en el gobierno pastoral de la arquidiócesis", hasta que finalmente el Papa acepte la renuncia de Mollaghan.
Entre los posibles herederos de la arquidiócesis figura Jorge Rubén Lugones, actual titular del Arzobispado de Lomas de Zamora (Buenos Aires) y ex de Orán (Salta). Tiene 61 años y, como Bergoglio, es jesuita.
A mediados de diciembre pasado se conoció que el Vaticano había resuelto investigar la arquidiócesis de Rosario en vistas al posterior desplazamiento de su titular por presuntas irregularidades en el manejo de fondos, supuestos padecimientos psiquiátricos y denuncias por parte de laicos y sacerdotes acerca de algunas situaciones de "maltrato".
"Me llamó el Papa Francisco"
El padre Joaquín Núñez, al frente de una capilla y un comedor comunitario en Villa Banana, recibió una llamada del Papa. “Justo estaba bautizando en la capilla, así que me dejó saludos y quedó en volver a llamar”, dijo Núñez, convencido de que Francisco “está haciendo un gran esfuerzo por sacar a la calle las estatuas caminantes que siempre fueron los obispos y cardenales”, una tarea que _auguró_ “no le va a ser fácil”.

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