El golpe sorprendió a Aurora y Saturnino justo cuando se disponían a celebrar los 60 años de matrimonio. El anzuelo es un virtual descuento en los impuestos. Advertencia de la policía para extremar los cuidados.
Una es de complexión mediana y pelo castaño. La otra es más bien robusta, con sus cabellos teñidos de rubio. Una de ellas luce un lunar (verdadero o pintado) en su rostro.
La piedad o la compasión no están en su moral ni en su patrón de conducta, lo que las convierte en extremo peligrosas.
Vestidas con uniformes similares a los verdaderos se hacen pasar por inspectoras municipales.
Sus víctimas predilectas son los jubilados a quienes, mediante distintas maniobras, los despojan del dinero que exista en la casa.
La trampa
Estas inescrupulosas mujeres fueron las que el viernes asestaron un duro golpe a un matrimonio de jubilados, a quienes despojaron de todos sus ahorros (más de 50 mil pesos, entre billete de moneda nacional y dólares).
Eran cerca de las 10 cuando las dos “inspectoras” llegaron al domicilio de Ayacucho 5288, donde residen Aurora Weihe (77), junto a su esposo Saturnino Vicente Leiva (84).
La dueña de casa apenas si “espió” por la puerta y preguntó a las mujeres qué solicitaban.
“Venimos para hacer un descuento de los impuestos”, se escuchó del otro lado. “Pero necesitamos ingresar a la casa para ver los papeles”, agregaron. La trampa estaba tendida.
Minutos después una de las “inspectoras” ya se encontraba cómodamente “instalada” en el living de la casa.
“La Municipalidad no sale a la calle, es por eso que nos mandan a nosotras”, dijo la muy pilla como para romper el hielo e ir ganando la confianza de sus víctimas.
Lo que siguió a partir de entonces fue toda una dramatización donde la rufiana fue enredando con sus palabras y sus movimientos a los dueños de casa, a quienes los hizo exhibir las boletas de distintos impuestos.
En medio de todo ello fue el pedido, en dos oportunidades, de un vaso de agua.
Luego toda una simulación de que se iban a tomar las medidas del inmueble (lo que le sirvió a la “inspectora” para recorrer la casa y verificar si había otras personas).
Ya en su parte final la ladrona sacó 90 pesos y le dijo a los esposos. “Traigan un billete de 100, así hacemos un descuento de 10 pesos”.
El primer billete de 100 fue rechazado por la mujer porque no estaba en buen estado. La maniobra se repitió por segunda vez con idéntico resultado.
Fue entonces cuando los esposos sacaron a relucir “la cajita” donde guardaban sus ahorros.
No hace falta describir que el contenido de “la cajita”, en cuestión de segundos, pasó de la mesa del comedor al amplio bolso que llevaba la “inspectora”.
Logrado su objetivo sus autoras desaparecieron del lugar con rumbo incierto.
Por su parte, los inocentes jubilados lamentaron que este episodio los sorprendió justo cuando se disponían a celebrar los 60 años de matrimonio.
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