Se trata de la escuela Nuestra Señora de Itatí, de barrio Centenario. La institución está perdiendo matrícula porque los padres tienen miedo de mandar a los chicos. En la zona son muy frecuentes los tiroteos y corridas.
La escuela Nuestra Señora de Itatí funciona hace 40 años en el corazón de barrio Centenario y ha visto todos los cambios que la zona sur de la ciudad ha sufrido. Hoy comienzan a perder matrícula porque los enfrentamientos entre delincuentes en las calles ponen en riesgo a los alumnos y al personal del establecimiento.
La institución que ofrece nivel primario y secundario es pequeña, con poco más de 200 alumnos. Los adolescentes concurren por la mañana y los niños por la tarde. “Por distintas circunstancias la matrícula ha ido bajando”, explicó a Diario UNO, Carlos Scatizza, representante legal del colegio y detalló: “El entorno violento en el que estamos hace difícil que las familias opten por traer sus chicos a la escuela y, por otro lado, la migración de familias. Todo eso es fruto de la inseguridad, el que puede irse lo hace o, por lo menos, busca escuelas fuera del barrio. Los padres no los traen a esta escuela porque quedamos en una situación de fuegos cruzados”.
En ese sentido, explicó que los enfrentamientos son muy habituales. “No son sólo hechos puntuales sino una sucesión de hechos producto de una violencia cada vez más grave. En este último tiempo se han intensificado los casos y se dan casi a diario”, remarcó el referente institucional.
Cada uno de los hechos, en su mayoría tiroteos, que se registran en el lugar impactan directamente en la comunidad que debe repensar cada actividad que planifica.
A modo de ejemplo se puede señalar que el año pasado, como hacen muchas escuelas, los docentes organizaron una salida para recorrer el barrio. Sin embargo, cuando estaban paseando por las calles se generó un enfrentamiento entre otras personas del barrio. “Tuvimos que pedir auxilio en distintas casas para meter a los chicos dentro”, recordó.
Los momentos de mayor peligro coinciden con los de ingreso y egreso de los alumnos y con el horario en el que se sirve la comida “porque es el momento en que los chicos salen del edificio ya que el comedor queda enfrente de la escuela. Son momentos en los que se producen corridas y tiroteos. Así que se nos hace muy difícil llevar a los chicos a la calle”, dijo el representante legal.
Pedido de ayuda
Scatizza explicó que hace dos años que solicitan reiteradamente control policial en la zona, por lo menos, en los horarios de ingreso y egreso de los chicos, pero no tuvieron respuestas. Al no obtener ese apoyo, la comunidad escolar comenzó a tomar sus propios recaudos para protegerse.
“La precaución es triple. Cuidamos a los chicos tratando de que vengan los padres a retirarlos, pese a que ellos están acostumbrados a manejarse solos por el barrio. En cuanto a los docentes, buscamos que se manejen en grupo o definimos corredores seguros para los horarios de ingreso y egreso. Y con los asistentes escolares, que entran mucho antes que el resto de la comunidad educativa, también buscamos tomar esas medidas”, detalló y siguió: “El problema es llegar al edificio porque una vez que se está dentro, la situación es otra. Una cosa que tenemos que resaltar es que todo el barrio cuida la escuela. Afortunadamente no tuvimos mayores hechos de vandalismo”.
Además, reconoció que no ha habido asaltos a los trabajadores que se desempeñan en el establecimiento. Sólo se registró un hecho puntual donde asaltaron a un grupo de estudiantes y docentes de la Universidad Católica de Santa Fe que realizaban, junto a personal de la escuela, un trabajo de extensión en el barrio. “De todas maneras, se dio la característica de que el ladrón no era del barrio”, resaltó Scatizza.
Si bien el sacerdote reconoció que “se sienten cuidados” por el barrio resaltó que eso no evita que, en varias oportunidades, queden en medio de las situaciones de violencia que allí se viven y que ponen en riesgo a toda la comunidad.
Por otro lado, el representante legal explicó: “Desde la escuela tuvimos varias reuniones con la gente de los ministerios de Seguridad y de Educación. Pero todavía no tuvimos, concretamente, respuestas.
Quedamos en seguir trabajando. Esta semana nos volveremos a reunir para ver soluciones concretas porque el análisis de la situación ya lo tenemos”. El objetivo es que desde el gobierno realicen propuestas que impacten no sólo a largo plazo sino en lo inmediato porque la realidad marca que los chicos y trabajadores de esa institución lo necesitan con urgencia.
“Nosotros queremos que la escuela crezca en cuanto a su matrícula porque es un referente dentro del barrio. No hay ninguna institución de gestión estatal en el barrio, la única escuela es Nuestra Señora de Itatí”, manifestó y siguió: “No queremos ser víctimas de la inseguridad. Creemos que la presencia policial podría ayudar, en lo inmediato, pero no soluciona el problema.
Un deseo de todos
El sacerdote a cargo de la escuela explicó que han habido muchos cambios en el barrio y que eso genera que la gente del lugar también esté preocupada. “Pasó de ser un barrio obrero y tradicional a tener un desarrollo poblacional y urbanístico que fue rodeando la escuela. Hoy estamos rodeados de asentamientos donde viven familias que también traen sus hijos a la escuela. Y la escuela quedó metida en toda la ola de violencia que estamos sufriendo en la ciudad y en el barrio”.
Por eso aclaró que existe un gran apoyo por parte de los padres de los alumnos quienes no sólo se preocupan por un tema que los afecta directamente sino que también buscan sumarse a las propuestas, para paliar la situación, que se realizan desde la escuela.
“Tenemos padres muy involucrados y preocupados por lo que va a pasar. Se están movilizando también. De alguna manera, la escuela está integrando en una red barrial que estamos trabajando para hacer un reclamo más fuerte y que se escuche más. La gente quiere el barrio que añora, el Centenario de antes”, manifestó.
Y concluyó: “Muchos dicen que al barrio lo cambió la inundación. Pero no fue así. Paulatinamente fue cambiando su fisonomía y transformándose, lamentablemente, en una referencia de la violencia”.
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