Son compañeros de trabajo. Uno de ellos padece una afección crónica y terminal y el trasplante necesitó el aval de la Justicia.
La Capital |
Un hombre de 34 años le donará un riñón a su amigo de 43 que padece una enfermedad congénita y no cuenta con familiares compatibles. Esa acción altruista necesitó la aprobación de la Justicia rosarina, ya que entre ellos no existe un vínculo familiar, como lo señala la ley de trasplante de órganos.
Angel Arellano, de 43 años, sufre una poliquistosis renal, una enfermedad congénita, hereditaria que produce una insuficiencia renal crónica y terminal. Desde hace dos años se dializa tres veces por semana.
Y no tiene familiares compatibles. Es hijo único y su madre tiene 80 años. Su padre falleció de la misma enfermedad que él padece. "Toda la rama de mi viejo sufrió lo mismo que yo. Sólo tengo un tío trasplantado a quien le cambió la vida", expresó.
Cuando su compañero de trabajo, Sebastián Silva, se enteró de lo que le ocurría a Angel, y al ver que tras dos años de estar en lista de espera de un riñón cadavérico no pasaba nada, empezó a averiguar si podía ser él quien donara el riñón.
"Sebastián comenzó a ofrecerse como donante pero yo mucho no quería porque es un pibe, tiene diez años menos que yo, esposa y un hijo, pero me insistió mucho", confesó Angel a este diario, momentos antes de ingresar a diálisis.
Sebastián mantuvo firme su decisión. Lo charló con su esposa y con su hermana, y ambas estuvieron de acuerdo.
"Angel es una excelente persona. Nos conocemos desde hace más de diez años y es como un hermano", confesó el donante, que rápidamente comenzó a hacerse los estudios y comprobó, para gran felicidad de su amigo, que los dos eran compatibles.
"Sé que después de la donación voy a tener que cuidarme un poco más en la alimentación y en cuestiones físicas, pero estoy seguro de que todo va a salir bien", expresó.
Angel , asimismo, agregó: "El cambio de vida es total. Tengo un tío con la misma enfermedad que se trasplantó hace un año y está perfecto. Hoy por hoy, soy esclavo de una máquina de diálisis".
Su satisfacción es tremenda. Lleno de emoción, confesó que no sabe cómo podrá agradecerle a su amigo. "Es un milagro", dijo acerca de la decisión de Sebastián, quien para Angel habría que darle "por lo menos el premio Nobel".
"Tengo muchos amigos, pero la verdad es que ninguno tuvo la valentía de hacer lo que decidió Sebastián. A esto lo valoro tanto que me encantaría que sea reconocido, no por la fama sino para agradecerle", destacó Angel, quien quiere que se conozca su historia para que más personas se animen a donar órganos.
La ley. Para realizar una donación como la que quiso encarar Sebastián hubo que recurrir a una instancia judicial.
La ley sólo permite que las donaciones en vida se realicen entre familiares y, por ello, debieron encarar una presentación.
Lo hicieron y, tras una espera de dos meses, el 18 de junio pasado el juez en lo Civil y Comercial de la 7ª nominación, Marcelo Quiroga, autorizó la donación.
Al fundamentar su fallo, el magistrado recordó que "la amistad y la solidaridad son los motores que mueven al dador del órgano, que al ver sufrir al otro lo alientan a tratar de terminar con ese estado de cosas y prolongar la vida de su amigo".
La ley de trasplantes es taxativa: sólo permite "la ablación de órganos o materiales anatómicos en vida con fines de trasplante sobre una persona capaz mayor de 18 años" y siempre que el receptor sea su pariente consanguíneo o por adopción hasta el cuarto grado, su cónyuge o conviviente "en relación de tipo conyugal", de no menos de tres años o dos si ambos comparten hijos.
Como en este caso se trata de dos amigos y compañeros de trabajo en un comercio de la zona sur de la ciudad desde hace 16 años, debieron solicitar autorización a la Justicia.
Por el tipo de vínculo que mantienen entre ambos, explicó el abogado Juan Carlos Barletta, el 24 de abril pasado se presentó un pedido de autorización de donación ante la Justicia.
En la resolución, el magistrado definió a la donación como una "expresión de altruismo y generosidad" y recordó que "el derecho a donar es considerado personalísimo y, como tal, inherente al hombre, extrapatrimonial, vitalicio, no enajenable e intransferible".
El juez también tuvo en cuenta que "la amistad y la solidaridad son los motores que mueven al dador del órgano, que al ver sufrir al otro lo alientan a tratar de terminar con ese estado de cosas y prolongar la vida de su amigo".
Ahora, una vez que Barletta y su colega Roberto Zamboni notifiquen "de oficio" al Centro Unico de Donación, Ablación e Implante de Organos (Cudaio) y al Instituto Nacional Central Unico Coordinador de Ablación e Implante (Incucai), la ablación y el implante se realizarán en un Instituto de Nefrología de Buenos Aires.
Para Angel, todo esto es casi el comienzo de una nueva vida. También para Sebastián, quien tomó tamaña decisión sabiendo todo lo que está en juego.

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