El análisis que hizo Miguel Angel Russo después de la derrota contra Olimpo dejó mucha tela para cortar. Sin dudas la frase de que "nos falta juego" fue la más impactante. Y la más cercana a la realidad teniendo en cuenta lo hecho durante los 90 minutos en Bahía Blanca, donde el Canalla tuvo una sola situación más o menos clara (una media chilena de Luna que se fue cerca del palo derecho de Nereo Champagne).
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Pero también dijo: "Perdemos muy fácil la pelota". Ni más ni menos que un correlato, o un componente directo más, que hace a esa falta de juego. La ecuación es clara: un equipo que no tenga posesión del balón difícilmente pueda manejar los tiempos del partido ni complicar al rival.
Russo es de los técnicos que no reduce el análisis a una sola línea. Entiende que para defender, los delanteros son cruciales y que el ataque no involucra sólo a los puntas. Ahora, la elaboración del juego, generalmente, depende de los volantes de buen pie, de aquellos jugadores que cuentan con la capacidad de leer mejor que nadie el partido, de apropiarse y aprovechar los espacios y, porque no, desequilibrar en el mano a mano.
En medio de esa racha de buenos resultados (8 sin perder), la mayoría de los protagonistas hablaron de la verticalidad que Central le imprimía al juego. Y lo marcaban como una virtud, pero también como un punto a corregir. Es decir, ni siquiera en ese lapso del torneo el equipo podía hacer gala del manejo de los tiempos del partido.
Ejemplos sobran. A Newell\'s le ganó con una estrategia muy clara, dejando jugar al rival y tapándole la salida para atacarlo rápido de contra. Con Belgrano padeció el empuje del rival (Caranta fue uno de los puntos más altos) por no poder usufructuar de una mejor manera la diferencia que tenía a su favor. Frente a Atlético de Rafaela fue más ímpetu que fútbol. Con Vélez pasó algo similar, donde más allá de las situaciones generadas en el final del complemento se apeló más al amor propio que al raciocinio futbolístico. Y con Olimpo quedó en evidencia.
Hasta hace unos partidos Central no era el mejor equipo ni estaba para pelear el campeonato. Hoy seguramente no es el peor, aunque tenga muchísimos puntos por corregir.
Si para Russo las individualidades son las que marcan el nivel colectivo, hay pocos caminos por tomar. O levantan los que vienen jugando o el técnico debe buscar alternativas en otros futbolistas.
Otro eslabón del análisis, y no menor por cierto. ¿Qué jugadores tiene a mano para intentar dar un vuelco desde lo individual sin apartarse del esquema que está utilizando? No muchos.
Esta forma de jugar hace que un futbolista como Federico Carrizo, volante por naturaleza, esté desempeñándose como delantero. ¿Qué queda entonces? Guillermo Pol Fernández, quien hasta aquí tuvo una sola chance de ser titular; Pablo Becker, utilizado más como delantero que otra cosa, y poco más.
Encina, Nery Domínguez y Lagos tal vez deban seguir teniendo la venia del entrenador. De la misma forma, Pol Fernández y Becker no sean una solución mágica. De lo que no hay dudas es que de ellos, algunos potenciando su nivel y otros aprovechando sus chances cuando se le presentan, depende en gran medida el fútbol de Central, siempre y cuando Russo se mantenga en su idea de un equipo que maneje bien la pelota y ataque con vehemencia pero también con orden.
El juego se logra con la pelota en los pies. El técnico canalla lo sabe y por eso dio un diagnóstico que se entiende como correcto, pero que debe ser comprendido y, sobre todo, llevado a la práctica.

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