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martes, 19 de marzo de 2013

EL PAPA FRANCISCO EN SANTA FE: Preocupado por formar jóvenes agudos y apasionados oradores

Tempranamente, intentó estimular en sus alumnos la inteligencia y vehemencia que él mismo cultivó.



El Papa Francisco tiene 76 años y nació en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936. Estudió y se diplomó como Técnico Químico, para después escoger el camino del sacerdocio y entrar en el seminario de
Villa Devoto.

El 11 de marzo de 1958 ingresó en el noviciado de la Compañía de Jesús, realizó estudios humanísticos en Chile y, en 1963, de regreso a Buenos Aires, se licenció en Filosofía en la Facultad de Filosofía del Colegio San José de San Miguel.

Como ya hemos dicho en ediciones anteriores, durante 1964 y 1965 fue profesor de Literatura y Psicología en el Colegio de la Inmaculada Concepción de Jesús, en Santa Fe Capital.

Su paso por nuestra ciudad dejó una marca imborrable en sus ex alumnos, docentes, personal administrativo y hasta en la comunidad de parroquianos que frecuentaba el santuario Nuestra Señora de los
Milagros.

“Siempre fue una persona iluminada, especial, solidaria, comprometida, de carácter, que decía lo que pensaba, preocupada por los jóvenes que tenían alguna dificultad”, aseguró con enorme emoción el contador Carlos Minatti, hoy síndico del LIF (Laboratorio Productor del Fármacos del Ministerio de Salud de la provincia).

Fue el propio Minatti, alumno en 1964 del hoy Papa, cuando este tenía sólo 28 años, quien compartió sus históricos escritos con Diario UNO de Santa Fe, en los que ya se documentan las primeras
e inspiradas palabras del actual sucesor de Pedro.

Entre ellos, figura una introducción firmada por el ex cardenal en un cuadernillo que se entregaba a los ingresantes, titulada: La Expresión como Meta en la Formación del Joven, en donde resaltó la importancia de preparar alumnos capaces de comunicar con solvencia y pasión -virtudes que él mismo cultivó con brillantez y ahínco- la “Verdad”, con mayúsculas, tal como la escribió.

“En nuestros días somos testigos de un drama -prologó Bergoglio-: el drama de la verdad aceptada a medias, y a esta representación lanzamos, todos los años, a nuestros alumnos. ¿Hemos pensado alguna vez si están capacitados como para hacerle frente? Están realmente orientados hacia la posesión y expresión de la verdad...? (...) Porque el problema no es simplemente de posesión de la verdad y compromiso con ella, sino también de la expresión de la misma con brillantez y fecundidad. Resumiendo: reflexión profunda, expresión definitiva, valiente y clara, para entregar a la humanidad el testimonio del Señor que edifique una tierra nueva. Sólo así encarnaremos de un modo más perfecto la figura de Jesús, cuya vida no fue sino un gesto: el gesto de la palabra; es decir, la Verdad totalmente poseída y generosamente entregada a los demás en una expresión de amor”.

Testimonio
Prueba de esa preocupación por comunicar la “Verdad”, llamar a las cosas por su nombre y, sin temores, decirle las cosas en la cara al Poder han sido sus polémicas e agudas homilías, en donde su insistencia siempre ha sido la vida de los menos favorecidos. “Hemos compartido (con Francisco) numerosos encuentros, asados y conversaciones de fuerte contenido político. Posee una lucidez inconmensurable y una sabiduría enorme. Le sobran coraje y vehemencia. Y conoce la necesidad de la gente, sus padecimientos, y trabaja para cambiar sus vidas”, enfatizó en ese sentido su ex alumno y amigo, Carlos Minatti.

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