Fue el domingo a la noche, en
zona sur. Dos hombres hicieron al menos nueve disparos a la vivienda. La
víctima, de 48 años, estaba en la vereda. El móvil del crimen no está
claro, pero hay sospechosos.
El domingo a la noche Jonatan estaba en
su casa del barrio 17 de Agosto —en la zona sur de la ciudad— cuando
escuchó un vendaval de disparos y un grito desgarrador. El muchacho
salió a la vereda y advirtió que su padre, Juan José Escobar, estaba
tirado en el suelo. Un balazo le había perforado el estómago y además
varios proyectiles habían atravesado el frente de la vivienda. Ayudado
por un vecino, el joven subió a su papá agonizante a un auto y lo llevó
hasta el Hospital Roque Sáenz Peña, pero fue en vano: la vida del
trabajador portuario de 48 años se apagó en el camino.
Hasta anoche, los pesquisas no habían
determinado fehacientemente el móvil del suceso. Una fuente de la
Jefatura de la policía rosarina señaló que los dos agresores que
abrieron fuego se "confundieron de persona" y deslizó la posibilidad de
que el destinatario de los tiros podría haber sido el hijo de la
víctima.
Sin embargo, un oficial que sigue de
cerca la investigación desestimó esa posibilidad. "En forma preliminar
no parece un ajuste de cuentas. El hombre fallecido trabajaba en el
puerto y el hijo en un taller de reparación de caños de escape",
explicó.
En la vereda. Cuando
faltaban quince minutos para las 9 de la noche del domingo, Juan José
Escobar salió de su casa del pasaje 512 al 6300 —una barriada de casas
de material humildes que se levantan detrás del casino City Center— y
recorrió los pocos metros que lo separaban de la vivienda de su hijo
Jonatan, de 23 años, ubicada en la misma arteria. El hombre planeaba
pedirle prestada la moto al muchacho. Así llegó a la propiedad ubicada
en el pasaje 512 Nº 6377 y, pocos minutos después, se asomó a la vereda.
En ese momento una secuencia de balazos
retumbó en la calle casi al mismo que tiempo que resonaba una
exclamación penosa del trabajador portuario. Quienes habían abierto
fuego eran dos hombres que pasaron frente a la casa y rociaron el frente
de la casa a tiros.
Las explosiones inquietaron a Jonatan.
El muchacho salió a la calle y vio al padre derrumbado en el suelo. Un
proyectil le había atravesado el abdomen.
Desesperado, el joven pidió ayuda a un
vecino y en el auto de éste llevaron al padre al Hospital Roque Sáenz
Peña, pero Escobar murió en el camino.
Muchos plomos. Uno de
los voceros policiales consultados indicó que los agentes de la división
Criminalística que acudieron a la escena del hecho recogieron nueve
vainas calibre 9 milímetros, pero otra fuente policial señaló que se
encontraron 15 plomos, entre vainas y ojivas.
El oficial consultado señaló que el
hijo del hombre fallecido les dijo a los pesquisas que no había
presenciado el momento del crimen. También comentó que no conocía los
motivos de los agresores para cometer el ataque.
En este marco, los investigadores ya
apuntaron a algunos jóvenes del barrio como los autores de la balacera.
"Al parecer, estos muchachos de quienes conocemos los apodos ya
estuvieron disparando tiros en esa zona", comentó el portavoz policial.
Presos en silencio.
Ayer a la mañana, los vecinos de esa cuadra del barrio 17 de Agosto le
dijeron a LaCapital que no conocían detalles del violento episodio. En
rigor, parecían saber más de lo que decían, pero al parecer habían
decidido callar por temor.
Una mujer cuarentona comentó que el
domingo a la noche había escuchado varios tiros, pero no presenció el
ataque en el que murió Escobar. "Vivimos como si fuéramos presos. No
podemos salir a la calle porque todos los días se agarran a los tiros",
se lamentó la vecina.
El caso es investigado por el juez de
Instrucción Nº 4 Juan Carlos Vienna y por la jueza de Menores Nº 3
Carolina Hernández a raíz de que entre los sospechosos del ataque hay al
menos un menor de edad.
Sin embargo, al cierre de esta edición
no habían sido localizados los sospechosos de haber disparado los
balazos que terminaron con la vida de Escobar.

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