Para la población trans (hombres
y mujeres cuya identidad de género no coincide con su sexo anatómico)
ayer fue un día "histórico". Al menos diez personas trans iniciaron ayer
en Rosario el trámite para cambiar su nombre en el DNI. Son alrededor
de 350 las que están en condiciones de pedir la aplicación de la ley de
identidad de género aprobada en mayo por el Congreso nacional.
La Capital |
Para la población trans (hombres y
mujeres cuya identidad de género no coincide con su sexo anatómico) ayer
fue un día "histórico". Al menos 10 personas en Rosario iniciaron el
trámite para cambiar su nombre en el DNI y muchas otras se acercaron
hasta las oficinas del Registro Civil para pedir copia del acta de
nacimiento, primer paso para el resto de una gestión que es muy
sencilla. "Estamos felices y, a la vez, muy conscientes de que este es
sólo el primer paso para la gran lucha que se viene", dijo Michelle
Vargas, una de las chicas (esa es la forma en que la mayoría se llama a
sí misma) que acompañó a tres de sus pares y un chico trans a iniciar el
trámite, muy temprano, en el Distrito Centro. ¿Por qué falta ahora
luchar? "Por trabajo, por salud y por vivienda", afirmó (ver aparte).
Por lo menos unas 350 personas integran
el colectivo trans en la ciudad, fundamentalmente mujeres, a las que la
ley de identidad de género que a principios de mayo aprobó el Congreso
nacional literalmente les cambiará la vida, empezando por el nombre.
"Implica reconocerles un derecho tan,
pero tan básico, como a tener documento", destacó la titular del Area de
Diversidad Sexual del municipio, Noelia Casati.
De hecho, tres integrantes de la
Comunidad Trans y el Frente de Diversidad Sexual del Movimiento Evita
(además de Vargas, Michelle Mendoza y Analía Fernández) recorrieron
distintos centros municipales de distrito y oficinas del Registro Civil
para acompañar a algunos de sus pares en la tramitación inaugural del
DNI conforme a la identidad de género.
Los primeros trámites, dijeron, se
encararon en el Distrito Centro. Quien puso la piedra de toque fue Erika
Fernández, de 33 años, quien desde los 14 lleva ese nombre de mujer en
su vida social y otro, de varón, en el documento.
"¿Sabés lo que es tener apariencia de
mujer, sentirte una mujer, y que en el banco, el hospital o cualquier
trámite te llamen Cachito Flores? No es vergüenza, es un tremendo
dolor", explicó.
Por eso llegó con su copia certificada
del acta de nacimiento, el DNI y fotocopias de la primera y segunda
hojas, y su solicitud de cambio de identidad. En un mes, o poco más,
Erika se llamará así también legalmente.
Entre las al menos diez personas que
hasta las 13 habían iniciado el trámite en Rosario, la mayoría fueron
"chicas trans" y sólo un "chico", Santiago. Seis de ellas comenzaron la
gestión en las oficinas del centro, adelantó el director provincial del
Registro Civil, Matías Drivet, con "inconvenientes apenas mínimos".
El funcionario recordó que a ese número
habría que sumar el de quienes simplemente fueron a solicitar una copia
de su acta de nacimiento, primer paso para bloquear ese documento y
extender uno nuevo, antes de comenzar con la tramitación del DNI
propiamente dicho. En total, el proceso puede llevar entre 20 días y dos
meses (a menos que la partida esté en otra provincia, lo que podría
sumar alguna demora).
De todos modos, Casati recordó que
junto a las organizaciones que representan a minorías sexuales, y en
particular al colectivo trans, se acordó avanzar con los trámites "de a
poco" para no producir un "colapso", dada la gran demanda acumulada que
se sabe existe en la ciudad.
Es que hay al menos unas 350 personas
en condiciones de solicitar su cambio de nombre y unas 70 ya se
acercaron a Diversidad Sexual para realizar consultas. "Muchas vinieron
en representación de otras compañeras", dijo la titular del organismo.
El primer paso ya fue dado. Una
"victoria", un "hecho histórico", un "hito", dijeron chicas y chicos
trans. Lo que viene ahora será más arduo: una batalla cultural hasta que
la discriminación se vuelva efectivamente cosa de pasado.
En deuda
Las primeras cuentas pendientes que
saltan son el acceso a la salud, el trabajo y la vivienda. El promedio
de vida de una travesti “ronda los 35 años” y, sobre una población de
350 personas, sólo diez tienen empleo en blanco en Rosario (menos del 3
por ciento). Michelle Vargas, Michelle Mendoza y Analía Fernández
advierten que, de las “diez chicas que tienen empleo formal (una es
policía, otra enfermera, otra docente y el resto trabaja en comercio),
todas empezaron siendo gays”. Y más bien con perfil bajo. La
transformación de género vino después.

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