Miércoles 23 de Mayo de 2012
El
seminario fue organizado por el Sindicato de Prensa de Rosario y fue
encabezado por el histórico dirigente de prensa Alfredo Carazo, quien
fue el firmante del convenio 184/75 en Santa Fe.
Carazo empezó consistente: “El contenido
fundamental de los convenios radica en las condiciones de vida y de
trabajo. El tema salarial puede discutirse en cualquier momento”.
Durante su carrera, Carazo firmó 34 Convenios Colectivos de Trabajo, sin
embargo, entiende que los mejores datan del ’74 y el ’75, no sólo los
de Prensa sino también los del resto de las ramas de nuestro país.
El dirigente evaluó la situación del
sindicalismo en la actualidad y opinó que aún quedan resabios del
neoliberalismo, como la figura del “trabajador Light” para el que la
obra social es lo más importante porque significa cobertura. “¿Y el
sindicato qué representa?”, interpeló.
El actual Director de Comunicación en Red
del Ministerio de Desarrollo Social distinguió entre conquista y
reivindicación y ubicó al Estatuto del Periodista Profesional en la
segunda categoría. “Lejos de ser una conquista de los trabajadores de
prensa, el Estatuto fue una “concesión graciosa” producto de la
interpretación de una política en determinado momento histórico”, opinó
Carazo, lo cual no quita los cambios de fisonomía en la organización
sindical que se produjeron entre el ’40 y el ’50.
Entre las novedades que introdujo el
Estatuto del Periodista Profesional, el dirigente destacó dos: por un
lado, la jornada laboral de seis horas y, por el otro, la indemnización
especial equivalente a seis meses de sueldo en caso de despido
injustificado. Carazo subrayó la importancia de este último debido a que
el trabajador de prensa no tiene movilidad social, lo que significa que
“si te echan de algún diario, entrás en una lista negra para todos”. A
su vez, agregó que los patrones saben que esto es lo normal, es más,
“algunos medios han hecho de esto una empresa, dándose el lujo de
despedir a cualquiera”, finalizó Carazo.
Por otra parte, el dirigente subrayó que,
de acuerdo con el Estatuto, las empresas deben invertir en formación.
Los medios se niegan a costear los gastos pero, al mismo tiempo, exigen a
los periodistas que se capaciten. Un caso muy frecuente es cuando un
medio nuevo ofrece un puesto de trabajo: ¿Cuánto ganás? ¿300? ¡Te
ofrezco 400! “Este es un claro ejemplo de cuando una empresa roba
trabajadores a otra y sobre la importancia de mantener la organización
sindical”, explicó. Tres meses después, el compañero se queda sin
trabajo porque la empresa cerró y la primera lo catalogó de traidor.
En este sentido, Carazo manifestó que los
cambios que se han incorporado al Estatuto a través de los convenios
colectivos fueron justamente resultado de la organización y que el mismo
“debe hacerse carne en los propios trabajadores”. Tras su larga
militancia, el dirigente gremial se ha encontrado con muchos compañeros
que lo desconocen, lo que veda la defensa de los derechos.
De hecho, el dirigente nacional de la
Fatpren comentó que, anteriormente, el Convenio sólo se conocía por su
artículo 14, que establecía que los periodistas tenían un 50% de
descuento en pasajes y comunicaciones. Sin embargo, explicó que no se
trataba de un beneficio para los trabajadores, sino para las empresas.
“Esa fue la razón por la que los medios hicieron causa común”, expresó.
Ese artículo finalmente se derogó, pero en dicha modificación también
cayó el carnet de periodista. En relación a dicha identificación, Carazo
destacó la importancia de que fuera entregada en el sindicato, tras su
emisión por el Ministerio de Trabajo y no por un colegio. Pero, “lo que
nunca se logró con el Estatuto fue tener un Convenio Nacional”, concluyó
el militante.
La historia del sindicato atravesó varias
etapas. Primero, surgió como una respuesta dura y seria frente a la
explotación de los trabajadores textiles en Inglaterra, con líderes
naturales. “Quedan rémoras de esa época”, opinó el dirigente y agregó:
“Hoy, se escuchan frases como “no es explotación porque los bolivianos
están acostumbrados a eso” o todavía siguen en pie esas fábricas con
rueditas, empresas fantasmas, que ponen una máquina, un galpón, producen
a gran escala, tienen convenios especiales y, cuando ya no son
redituables, las trasladan”.
En aquellos tiempos el reclamo se
traducía en “ponerles palos a la rueda”, lo que implicaba detener la
producción. “Era un mecanismo anárquico, pero no alcanzó”, indicó Carazo
y agregó que esa fue la razón del pasaje del sindicalismo Anárquico al
Revolucionario. Esta nueva organización propició la formación de una
ideología de los trabajadores, una identidad, un destino común. “Hoy,
tenemos que fortalecer esa condición”, opinó Carazo y recordó que, en la
cadena, primero está el trabajador; segundo, el sindicato; tercero, los
dirigentes y cuarta, la ley que encuadra la organización.
Proponiendo un distanciamiento con la
herencia del neoliberalismo, el gremialista planteó que el sindicato es
una herramienta de los trabajadores, por eso, no puede quedarse
estancado en la gestión. “El funcionamiento debe ser desde la base al
vértice”, insistió. Allí debe ubicarse al delegado, que es el compañero
del trabajador, el que lo conoce -y reconoce- y con el que se
referencia. “La mayoría de los delegados no llega a secretario general”,
indicó, porque la función del último radica en discutir otros asuntos:
“El secretario general no está más en la trinchera, ese es el lugar del
delegado”.
“Nosotros somos de una generación de
dirigentes sindicales de mucho análisis. Cuando percibíamos momentos
frustrantes en la política, el movimiento iba relojeando hacia dónde
dirigirse”, explicó. En esa idea de unidad, solidaridad y organización
es en la que se fueron formando y la que les permitió escribir su propia
historia. Para Carazo el neoliberalismo ha trastocado la solidaridad:
la individualidad, el no te metas, el por algo será. De esa manera,
condujo a sindicatos vacíos de trabajadores, vacíos de contenidos y
vacíos humanamente. “Hay que volver a llenar los sindicatos”, replicó el
dirigente y agregó que la organización tiene que ser la imagen de las
reivindicaciones y de los derechos de los trabajadores. “Patria grande
latinoamericana, El Cambio de Época -como lo llamó Correa-, una nueva
mentalidad, modelos más justos, más igualitarios, más equitativos”,
enunció Carazo y para ello: "la recuperación del movimiento obrero como
columna vertebral".
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