martes, 19 de agosto de 2014

ROSARIO: La viuda de Roberto Carlos Ramírez reclamó por el esclarecimiento del homicidio

El 3 de junio pasado, en lo que pudo ser una gresca entre vecinos o una bronca entre familias, fue baleado Roberto Carlos Ramírez. Después de agonizar 21 días, murió en el Hospital Clemente Alvarez. Tenía 32 años y, según su mujer Marcela, era un hombre "simple, de trabajo".
La Capital | 
La viuda de Roberto Carlos Ramírez reclamó por el esclarecimiento del homicidio
 "No aguanto más el dolor de no tenerlo y no duermo de noche. Pero sé quiénes lo mataron y no voy a parar hasta que estén presos", dice a este diario la mujer, al tiempo que brinda nombres, direcciones y paraderos de los presuntos matadores, a quienes ella mismo vio armas en mano en la puerta de su casa del barrio Plata.
Heridas. Marcela vive con sus dos hijos, una chica de 15 años y un niño de 5, en avenida del Rosario al 3500. Es alta, morocha y de pelo eternamente recogido, y según cuenta bajó "diez kilos" desde que enviudó.
La noche del pasado 3 de junio Roberto estaba en la puerta de su casa cuando tres hombres, uno de ellos vecino suyo, la emprendieron a los tiros contra Roberto, que fue herido en el abdomen, tórax y una perdigonada en la zona lumbar.
"Todo empezó la tarde de ese día cuando vino a casa Raúl, nuestro vecino, y le dijo a Roberto que se había cruzado una iguana, algo que él lo molestaba, y además pensó que era nuestra. El siempre tenía problemas con Roberto; ya lo había acusado de haberle robado el eje de una moto. Siempre buscaba problemas", recuerda Marcela.
Ramírez trabajaba como colocador de cerámicos y, según su mujer, "nunca robó nada, no tenía antecedentes de nada. Sólo tenía su moto y a su familia. Cuando el vecino lo acusó de haberle robado el eje de la moto le pregunté a Roberto si lo había hecho y le dije que, en ese caso, tenía que devolvérselo. Pero él me dijo que no le había robado nada".
Roberto y Raúl se conocían. "El venía con la mujer a casa a tomar mate, a comer", cuenta Marcela sin dar más datos de esa relación vecinal. "Siempre le decía algo y la semana antes de que matara a mi marido nos amenazó. Entonces me fui a la policía y les dije que si algo me pasaba a mí o a mi familia el responsable era Raúl", dice Marcela con ojos de bronca. Entonces vuelve la historia de la iguana, lo único que la mujer dice sobre problemas anteriores con sus vecinos: "La iguana se cruzó".
Antigua disputa. La crónica del homicidio que reflejaron los aportes policiales y la prensa es corta. Carlos Roberto Ramírez, baleado el 3 de junio, falleció el miércoles 25 de ese mes en el Heca. Había sido baleado en un incidente que culminó además con otros dos heridos: un hermano de 23 años de Ramírez, Brian, quien sufrió múltiples heridas de arma de fuego en brazos y piernas; el otro era un amigo de 21. Al parecer, la disputa entre las familias era de vieja data.
Sin embargo, esos hechos fueron negados por Marcela, que recuerda a cada momento el instante en que su marido fue baleado. "Roberto fue a comprar algo para comer y en eso escuché los tiros. Cuando salí a la calle lo vi a Jonathan con una escopeta y a los otros con revólveres", dice al tiempo que señala los agujeros que dejaron los impactos de bala en el portón de chapa a la entrada de la vivienda.
"No duermo, me cuesta estar en la casa, lloro. Pero no me voy a quedar así. Sé quiénes lo mataron, los vi. Fueron Raúl, "Pachu" y Jonathan. Fui a la Fiscalía y les dije dónde buscarlos, en qué andaban, pero no pasa nada".
Destinos. Así, detalla los pasos de los hombres a quienes acusa: "Raúl se fue con su familia a Ramallo esa misma noche del 3 de junio. Me dijeron que está ahí y si la policía va y pregunta, lo encuentran".
Respecto de "Pachu", de quien no sabe el nombre, afirma que "se fue a Buenos Aires, no sé adónde, pero está allá. En un momento pegué fotos de todos en los árboles del barrio y varios vecinos se acercaron y me contaron de estos muchachos".
En el caso de Jonathan, Marcela dice que "trabajaba con un muchacho que tiene una distribuidora y me parece que vende drogas por acá, por el barrio. Casualmente la casa donde vivía Raúl, al lado de la mía, ahora la tiene gente ligada a este hombre".
"Esta gente debería tener pedido de captura —dice— porque Roberto no merecía morir así. Tengo 35 años y me quiero morir. Sé que tengo que cuidarme por mis hijos, pero no soporto más esta casa ni el barrio, me quiero ir". Mientras tanto, fuentes consultadas por el caso en Fiscalía dicen que están enfocados en la investigación y que hay avances. Pero Marcela no los ve.

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