El resultado final (1-1) dejó un sabor amargo en los jugadores e hinchas, ya que la igualdad llegó en los últimos minutos de juego y cuando Colón tenía controlado el encuentro. No obstante, habrá que mencionar que el tanto de cabeza convertido por Leonardo Sigali puso justicia al marcador, ya que ninguno de los dos equipos había hecho los méritos suficientes para cosechar tres puntos.
Está claro que hasta aquí lo de Colón y su entrenador Diego Osella es sumamente meritorio, ya que el equipo es puntero del campeonato cuando se llevan disputadas seis fechas y no pierde desde el debut ante Racing. Incluso estuvo muy cerca de sumar la quinta victoria consecutiva, de no mediar el testazo de Sigali que enmudeció al Brigadier López. Párrafo aparte para el hincha de Colón, que nuevamente llenó la cancha y alentó a lo largo de los 90 minutos, como así también cuando se retiraron los jugadores.
Es evidente que cuando juega como local los futbolistas tienen un plus que son los hinchas, convirtiendo lo que antes era presión en aliento constante. Aquí existe el mérito del cuerpo técnico que liberó a los jugadores, más allá de las responsabilidades lógicas que tienen dentro del campo de juego.
Pero es cierto que muchos futbolistas cambiaron radicalmente su rendimiento hasta convertirse en figuras importantes, como el caso de Gerardo Alcoba, que hasta el torneo pasado era suplente y hoy es un verdadero referente. También el caso de Luis Castillo, quien con el correr de los partidos se fue afianzando por el lateral derecho.
Obviamente que para alcanzar esta posición en la tabla, tuvieron que elevar notoriamente su rendimiento pero uno de los aspectos que destaca a la formación rojinegra es la enorme entrega física.
Habitualmente se dice en el fútbol que aquel futbolista que no corre no puede jugar y de eso hacen gala los 11 protagonistas que se ponen la camiseta rojinegra en cada compromiso, jugándolo como si fuera el último. La intensidad no se negocia y se mantiene a lo largo de los 90 minutos, pese a los errores que se puedan cometer. Como sucedió en esa pelota quieta que ejecutó Gonzalo Castellani a los 39’ minutos del complemento y que encontró la cabeza de Sigali que cruzó el balón.
Colón jugó como lo venía haciendo y el Tomba respetó mucho a su adversario, en virtud de la formación que puso en cancha Jorge Almirón, ya que dispuso varios cambios en relación al último partido, optando por una alineación más conservadora. De allí que ninguno de los dos equipos mirara el arco rival con demasiado entusiasmo.
El primer tiempo se esfumó sin situaciones de gol, apenas algunas aproximaciones como un remate por arriba de Martín Luque y un cabezazo de Alcoba que contuvo Jorge Carranza sin problemas. En tanto que el Tomba merodeó el arco custodiado por Germán Montoya pero sin profundidad. De esta manera se consumaron los primeros 45 minutos que aburrieron a todos los presentes.
En el complemento, Osella dispuso el ingreso de Facundo Curuchet en lugar de un extenuado Lucas Alario, quien como de costumbre jugó muy lejos del arco y se desgastó en la recuperación del balón. Con Curuchet en cancha intentó explotar la velocidad ante una defensa compuesta por jugadores lentos. Más tarde ingresó e hizo su debut Gustavo Villarruel por un Luque que pasó desapercibido.
Ninguna de estas variantes aportaron solución, ya que el gol llegó a través de los pies de César Meli a los 19 minutos cuando enganchó de derecha hacia izquierda y con su pierna menos hábil(la izquierda) colocó el balón al lado del caño derecho de Carranza.
Parecía que ese gol podría ser definitivo, ya que con el resultado a favor el conjunto sabalero se defiende muy bien y, además, sabe contragolpear. Pero ese descuido en la pelota quieta le sacó dos puntos que tenía en el bolsillo. De todas formas una vez más este equipo demostró que dejará la vida en cada pelota y que el rival tendrá que realizar un despliegue supremo para superarlo. Que no parezca poca cosa, para un equipo que muchos daban por descendido y que hoy mira a todos desde arriba.
DIARIO UNO.

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