Se apuntó a que el espacio verde sea a la vez sede del tradicional festival folclórico que se celebra cada año y lugar de esparcimiento. La obra se realizó en el marco del Presupuesto Participativo. Invirtieron más de 800 mil pesos.
La plaza del folclore Padre Edgardo Trucco luce muy diferente respecto a algunos años atrás. Las obras de remodelación del espacio que congrega cada año al tradicional festival folclórico fueron inauguradas hace pocos días, antes de la 114° Peregrinación Arquidiocesana a Guadalupe. Se realizaron a partir de un proyecto votado en 2011 en el Presupuesto Participativo y el municipio invirtió alrededor de 800 mil pesos, ya que con el paso de los meses se tornó necesario actualizar la partida inicial de 500 mil pesos prevista para este fin.
El secretario de Planeamiento Urbano de la Municipalidad, Eduardo Navarro, explicó cuáles fueron los ejes centrales de Intervención que se tuvieron en cuenta para renovar el espacio verde. “El criterio fue tratar de entender a la Plaza del Folclore como un conjunto con la plaza Juan Pablo López (ubicada en diagonal) y la Basílica de Guadalupe. Una gran plataforma, donde la plaza con objetos, juegos y más recargada es la Juan Pablo López mientras que la otra es la que debería ser más despejada”, detalló.
Desde que surgió la consigna de concretar la remodelación, el proyecto tuvo varias instancias de consulta con los vecinos y los organizadores del festival folclórico, que le dieron las características definitivas. Fundamentalmente, porque la plaza debía de cumplir el doble rol de ser el punto para celebrar el festival pero el resto del año debía funcionar como un lugar apto para el esparcimiento. “Era una conjunción de tensiones que había que armonizar y todo eso desembocó en el proyecto que se ejecutó”, explicó Navarro.
Movimientos de tierra
Uno de los aspectos que se tuvo en cuenta fue que el espacio verde tenía escaso nivel de apropiación por parte de la gente. Por eso se decidió remover los taludes de tierra que había en el lugar (que provenían de varias décadas atrás) y demoler una rampa de hormigón que no tenía una función específica y contribuía a la inseguridad.
Así, se realizó un movimiento de más de 2.000 metros cúbicos y se generaron dos áreas elevadas, contenidas por muros perimetrales bajos de hormigón armado, que poseen pendientes leves hacia la fachada oeste de la Basílica y están recostadas sobre las calles Javier de la Rosa y Piedras.
A la vez, esta reorientación permitió respetar los cruces diagonales para que el peatón acorte camino. “Los senderos se distribuyeron con ese criterio. Antes se dificultaba porque la plaza era escalonada y los taludes obligaban a perimetrarla”, explicó Navarro. Tanto las sendas como las áreas de permanencia se construyeron con pavimento intertrabado de hormigón y con loseta cribada absorbente.
Otro aspecto al que se prestó especial atención fue la orientación del espacio para que ubique el escenario destinado al festival, ya que con la ubicación anterior, todo el movimiento de acceso de los vehículos que transportan a los artistas y sus instrumentos, se realizaba desde Javier de la Rosa, que debería ser la vía de acceso para el público. De manera que se reorientó para que no se pierda el sentido de preservar en el fondo la Basílica, pero que a la vez Javier de la Rosa permanezca más despejada para el ingreso de la gente.
El secretario de Planeamiento Urbano de la Municipalidad, Eduardo Navarro, explicó cuáles fueron los ejes centrales de Intervención que se tuvieron en cuenta para renovar el espacio verde. “El criterio fue tratar de entender a la Plaza del Folclore como un conjunto con la plaza Juan Pablo López (ubicada en diagonal) y la Basílica de Guadalupe. Una gran plataforma, donde la plaza con objetos, juegos y más recargada es la Juan Pablo López mientras que la otra es la que debería ser más despejada”, detalló.
Desde que surgió la consigna de concretar la remodelación, el proyecto tuvo varias instancias de consulta con los vecinos y los organizadores del festival folclórico, que le dieron las características definitivas. Fundamentalmente, porque la plaza debía de cumplir el doble rol de ser el punto para celebrar el festival pero el resto del año debía funcionar como un lugar apto para el esparcimiento. “Era una conjunción de tensiones que había que armonizar y todo eso desembocó en el proyecto que se ejecutó”, explicó Navarro.
Movimientos de tierra
Uno de los aspectos que se tuvo en cuenta fue que el espacio verde tenía escaso nivel de apropiación por parte de la gente. Por eso se decidió remover los taludes de tierra que había en el lugar (que provenían de varias décadas atrás) y demoler una rampa de hormigón que no tenía una función específica y contribuía a la inseguridad.
Así, se realizó un movimiento de más de 2.000 metros cúbicos y se generaron dos áreas elevadas, contenidas por muros perimetrales bajos de hormigón armado, que poseen pendientes leves hacia la fachada oeste de la Basílica y están recostadas sobre las calles Javier de la Rosa y Piedras.
A la vez, esta reorientación permitió respetar los cruces diagonales para que el peatón acorte camino. “Los senderos se distribuyeron con ese criterio. Antes se dificultaba porque la plaza era escalonada y los taludes obligaban a perimetrarla”, explicó Navarro. Tanto las sendas como las áreas de permanencia se construyeron con pavimento intertrabado de hormigón y con loseta cribada absorbente.
Otro aspecto al que se prestó especial atención fue la orientación del espacio para que ubique el escenario destinado al festival, ya que con la ubicación anterior, todo el movimiento de acceso de los vehículos que transportan a los artistas y sus instrumentos, se realizaba desde Javier de la Rosa, que debería ser la vía de acceso para el público. De manera que se reorientó para que no se pierda el sentido de preservar en el fondo la Basílica, pero que a la vez Javier de la Rosa permanezca más despejada para el ingreso de la gente.

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