Mariel Cataldo, de 21 años, murió este domingo a la madrugada en el Heca a causa de las quemaduras sufridas. La Justicia no detectó aún ninguna conexión clandestina y todo apunta a que la explosión no fue intencional.
La Capital |
Mariel Cataldo, la joven de 21 años que sufrió graves quemaduras tras la explosión ocurrida este jueves en un departamento del complejo del alta gama, y aún sin final de obra, Ciudad Ribera en Puerto Norte, falleció esta domingo a las 4 tal cual lo confirmó a La Capital el director del Heca, Néstor Marchetti.
La joven, que era oriunda de Carcarañá y estudiaba en Rosario una tecnicatura en alimentación, trabajaba como promotora automovilística. Estaba en terapia, con asistencia mecánica respiratoria afectada con quemaduras severas en el 95 por ciento del cuerpo, tal cual consignaron desde el centro asistencial.
En cambio, Walter Beltrami, de 35 años, empresario de Zavalla, quien estaba con ella al momento del episodio, fue dado de alta por sufrir sólo quemaduras leves en sus piernas.
El devenir de la causa
"Estoy a la espera de las pericias de Bomberos. Hasta ahora no hay nada raro, nada clandestino. Todo parece tratarse de una explosión no intencional. A más tardar el martes próximo tendré una idea de si el hecho fue culposo o doloso y eso definirá si la causa sigue en mi juzgado o pasa a uno correccional". Las palabras pertenecen a la jueza de Instrucción Nº 6, Raquel Cosgaya, quien investiga el trágico hecho.
La causa fue caratulada como "deflagración" (combustión súbdita con velocidad de propagación reducida), una figura distinta a la de "explosión" y que podría explicar por qué no quedó totalmente destruido el departamento de dos dormitorios, de algo más de 80 metros cuadrados y con vista al río, si bien su balcón voló por completo.
La detonación. El viernes, a la 0.30, una fuerte detonación en el 9º B despertó a todo el edificio Palco Paraná, ubicado en Luis Cándido Carballo 158. Luego se desencadenó un incendio que fue sofocado por los Bomberos Zapadores, no sin dificultad. Actuaron dos dotaciones, unos diez agentes, que trabajaron durante cinco horas. Debieron ingresar por el interior de la torre ya que los primeros bomberos en arribar evaluaron que no se podía emplazar la escalera telescópica que permite subir hasta un piso 20.
"Había andamios y obstáculos que impedían trabajar", dijo una fuente consultada, que dejó entrever las dificultades a las que se enfrenta una labor de emergencia cuando el edificio (o su entorno) todavía está en obras.
La torre no cuenta con gas natural, la luz alimenta a la obra en general y no a cada residencia y el agua, si bien llega todos los departamentos, aún se factura de manera general.
El subsecretario de Planeamiento Urbano, Eduardo González, se refirió a esa situación y dijo que "no se debería habitar un lugar sin final de obra porque es riesgoso para el cotidiano vivir" y más aún para una labor de emergencia como la de los bomberos. Explicó que el municipio actúa como ente administrativo cuando el responsable de la obra presenta toda la documentación y certificados correspondientes a los ascensores y las distintas conexiones de los servicios.
"Allí se inspecciona y se habilita o no en caso de que estén dadas las condiciones para vivir", dijo el funcionario.
Circularon varias versiones luego del hecho. Se habló de una conexión doméstica y sin habilitación efectuada por el propietario y también se dijo que había estallado una garrafa.
Lo que quedó claro en boca del gerente de Relaciones Institucionales de Litoral Gas, José María González, es que lo que explotó allí "no es gas natural". El directivo dijo que pudo tratarse de gas licuado alimentado por un zeppelin (tubo) instalado en el interior del edificio.
Una de las hipótesis que barajaría la investigación es que el departamento contaría en su cocina con un anafe eléctrico y también con una caldera alimentada a gas licuado que es la que posibilitaría calentar el agua del lugar.
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