La Casa de las Madres
del hospital de Niños extremó la prevención: custodia, portero
eléctrico, reflectores, alambres punzantes y cámaras de seguridad. Sin
embargo el personal y las mujeres que se hospedan son atacadas a
cualquier hora.
Incontrolable. El predio del hospital y la
Casa de las Madres están separados por calle Salta: esos 22 metros no
están incluidos por las medidas de prevención y es donde se repiten los
hechos de inseguridad.-
El ambiente acogedor y familiar que se vive adentro de la Casa de
las Madres del hospital de Niños Orlando Alassia, ubicada en calle Salta
al 4200 no es el mismo que se percibe desde afuera. Todo lo contrario.
Al llegar al lugar hay un patrullero custodiando la cuadra; a metros de
avenida Mosconi una joven oficial de la policía está parada en la puerta
de la casa -que se abre desde el interior con un botón cada vez que
alguien quiere ingresar o salir-; el edificio tiene alarma y está
rodeado con un tejido que termina con giros de alambre con ángulos
filosos. Y como si esto fuera poco, cuatro cámaras de seguridad
monitorean el patio y los alrededores las 24 horas y varios reflectores
apuntan al modesto edificio en el exterior. En realidad, debería
llamarse la “Fortaleza de las Madres”. Tal es así que el portón por el
que se accede desde el predio del hospital al albergue, separados por
calle Salta, también cuenta con un portero eléctrico que se activa desde
la Casa de las Madres.
A pesar de todas las medidas
mencionadas y de las precauciones que toman quienes trabajan o se
hospedan en el refugio, el delito no da tregua en la zona, supera el
ingenio y la capacidad de asombro. Hace una semana, una señora fue
atacada a las 20 en el medio de calle Salta cuando iba del hospital a la
Casa de las Madres. Son apenas 22 metros sin resguardo, que no cuentan
con custodia, ni alarma, ni alambres punzantes ¡porque es la calle!
Agustina Morzan, todavía se está descubriendo moretones en el cuerpo
producto de la paliza que le dieron los tres jóvenes (que no superaban
los 14 años) que intentaron quedarse, sin éxito con su cartera. La mujer
oriunda de Avellaneda agradece que la oficial de policía la vio en el
monitor de las cámaras y salió a socorrerla.
En el intento
de asalto perdió el conocimiento por las patadas que recibió pero en
ningún momento soltó sus pertenencias. “Me dieron un garrotazo tremendo,
por eso no me acuerdo bien como fueron las cosas, pero ya pasó”, se
contentó la mujer que ahora sólo tiene tiempo y fuerza para celebrar la
recuperación de su nieta de 11 meses internada en el Alassia.
Dos horas después, los tres delincuentes probaron lo mismo con una
empleada de la Casa de las Madres. La mujer, que vive a dos cuadras y
concurre diariamente a trabajar acompañada por su esposo, advirtió que
los jóvenes se le acercaban sigilosamente entonces comenzó a gritar y
así advirtió al personal policial que salió otra vez de la casa a
rescatarla.
En el ingreso al hospital, por calle Mendoza y
Lamadrid la situación no es diferente. Los comerciantes de la zona pagan
un adicional a la policía para que custodie los negocios de la cuadra
pero los arrebatos ocurren en la calle, particularmente a partir de las
17.
“Los arrebatos son cosa de todos los días. Les sacan las
carteras a las mujeres, los celulares a todo el mundo y las mochilas a
los chicos”, describió Carlos Olearse, propietario de una negocios de
artículos sanitarios.
A pocos metros, está el bazar El Gurí.
Según Georgina, una vendedora del local, “cada vez que un viejito no
aparece por un tiempo, vuelve con un brazo quebrado porque lo atracaron
para robarle en la calle”.
Sin explicaciones
“La casa parece una cárcel, solo queda librado el paso por calle Salta
y ahí ocurren las cosas”, lamentó Fabiana Roa, integrante del Consejo
de Administración del hospital. Respecto de las medidas de seguridad en
la Casa de las Madres, Roa señaló que “ya no hay nada más que hacer”. La
situación que atraviesan hoy en día en la zona de la residencia y del
hospital, “no era así hace cuatro años”.
“Hoy venimos a trabajar aterrados, nosotros prestamos un servicio pero ya no hay respeto ni por eso”, resaltó Roa.
Puesta a pensar en alternativas para menguar la inseguridad en la
zona, a Roa se le ocurrió colocar otra cámara que vigile la zona de
avenida Mosconi y solicitarle a la Municipalidad la colocación de más
reflectores en el terreno ubicado al costado de la Casa de las Madres,
donde se construyó un playón deportivo.
“Creo que hay una
pérdida de los valores y el respeto porque seguro que los chicos que
asaltan fueron pacientes del hospital. Estamos en un momento crítico”,
reflexionó Roa.
Cuando en 2010 Diego Poretti era
subsecretario de Prevención y Seguridad Ciudadana de la Municipalidad,
asesoró al Consejo de Administración del Alassia sobre las medidas de
seguridad que se podían implementar en el refugio para madres.
Actualmente, como subsecretario de Seguridad Pública de la provincia el
funcionario asegura que “desde el punto de vista de la prevención en la
Casa de las Madres ya no se puede hacer nada más”.
Como
alternativa para intervenir en la zona, Poretti recomendó “la ocupación
urgente del predio donde se hizo el playón deportivo. Apostar a la
apropiación, mediante un trabajo social”.
Vale mencionar
que, según pudo saber El Litoral el terreno de avenida Mosconi donde
está el playón pertenece al Arzobispado de Santa Fe.
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