El relevo de las pruebas que aparecieron en la escena del cuádruple crimen en que murieron todos los integrantes de una familia en Las Heras hace cada vez más crítica la situación del adolescente de 13 años, único sobreviviente y testigo de lo ocurrido.
Ahora se conocieron las pericias sanguíneas, que echarían por tierra la última de las tres versiones que dio el muchacho alojado en un neuropsiquiátrico, acusando a su amigo de 10 años de ser el autor de tres asesinatos.
Los ambientes de la vivienda de San Pedro 1953 de Las Heras, escenario de la masacre, se convirtieron en un reguero de sangre la noche del jueves 9 de este mes, cuando allí aparecieron muertos la docente Mónica Miguel (48) y su padre Alí Miguel (79). En esa casa también habían sido salvajemente apuñalados el hijo de Mónica, Ezequiel Miguel (10), y la madre de la profesora, Sara García de Miguel (84), quienes fallecieron luego en distintos hospitales.
La ardua tarea de los peritos se concentró entonces en tratar de establecer cuál fue la mecánica de los cuatro asesinatos para determinar si coincidía con la versión que dio el adolescente de 13 años, único sobreviviente, quien tras cambiar su primera declaración, en la que habló de un asalto, señaló que había sido Ezequiel quien mató a su madre y sus abuelos, y que él debió matarlo cuando lo atacó a él.
A juzgar por los lugares en que quedaron los cuerpos, Mónica Miguel habría sido atacada en su dormitorio, su hijo en el baño y el anciano en el living de la casa. En tanto que Sara de Miguel habría sido apuñalada cerca de la puerta, cuando presuntamente iba a buscar ayuda.
Luego de levantar pruebas sanguíneas de todas las víctimas y de las manchas que quedaron en la casa, los peritos encontraron que había tres grupos: el que compartían la pareja de ancianos con su hija docente, el de Ezequiel y el del adolescente.
Lo que haría tambalear la versión del sobreviviente es que la sangre de Ezequiel estaría casi exclusivamente circunscripta al baño en el que habría sido apuñalado el niño, lo que indicaría que no fue él quien atacó a su madre y sus abuelos, ya que de haber sido así, alguno de ellos se habría defendido y podría haberle provocado alguna herida que dejara rastros de su grupo sanguíneo en otros ambientes de la casa.
En tanto, sí se habrían hallado huellas de sangre del adolescente en otros ambientes de la vivienda en donde aparecieron los cuerpos, además de encontrarlas también en una pileta en la que el chico habría intentado lavarse y enjuagar uno de los cuchillos que apareció en la escena del crimen.
Ahora serán las pericias de las necropsias y de los análisis de ADN las que confirmen o descarten la hipótesis de que habría sido el adolescente de 13 años el autor de los cuatro asesinatos y que mintió en cada una de las tres declaraciones que dio.

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